EL FESTIVAL DE MÚSICA FOLK 2026 EN EDMONTON

The Womanck Sisters
De los 7 vicios capitales, la gula es dispensada cuando está ligada a la música. Alimento nutriente que obliga a querer más. Esa regla, el Edmonton Folk Fest tiende a irrespetar: sacia a los golosos. Sobrepasa las normativas, sobrepasa los inconvenientes, sobrepasa las expectativas. El festival en sí es un reconocimiento a la tradición, las lecciones que ha proveído y su evolución, es un homenaje a la historia musical del mundo y es historia sociocultural.
En los primeros días de agosto, el tambaleante verano edmontoniano impone su reino musical. Músicos de diferentes países, diferentes culturas, diferentes gustos, sonidos, idiomas, universalizan una conversación sobre la hermandad. La imposibilidad de asistir al escenario de cada una de esas conversaciones musicales nos lleva a rebuscar en nuestros antiguos gustos, en la búsqueda de la sorpresa, de las nuevas enseñanzas, de los nuevos aprendizajes. Esto por supuesto, implica perder oportunidades de resplandores, por ejemplo, hasta el día de hoy me acosa el arrepentimiento de no haber podido asistir a escuchar a la galesa Gwenifer Raymond. Hay tantas experiencias que comparten músicos de Nova Scotia, Quebec, Alberta, Ontario, Irlanda, Estados Unidos, Islandia, Nigeria, Mauritania, Guinea, Mali, Escocia, Malawi. El arco iris es amplio, el caleidoscopio cultural único.
Hay una actividad dentro del festival de la que poco se comenta. Los organizadores del festival organizan sesiones musicales al lado de los conciertos particulares de cada uno de los artistas. Estas sesiones son las que muestran los lazos comunes de las diferentes vertientes artísticas. Ahí improvisan, se apoyan mutuamente, intercambian opiniones musicalmente hablando, añaden su granito de arena a las composiciones de los otros participantes. Estas sesiones llevan títulos y allí los artistas comparten sus vasos comunicantes. Una de ellas me impresionó mucho, el sábado 8 de agosto en el escenario 1 y bajo el título Roots and Branches, se reunieron Nick Mulvey de Inglaterra, The Point de Estados Unidos y Bombino de Níger. Explosiva exposición. Los tres entrelazaron sus influencias para darles al público oyente una cátedra de lo que sería este planeta si fuera gobernado por la música. Escuchar al otro es la línea de la improvisación. En esta reunión Bombino demostró una vez más esa humildad de los grandes como guía, como proponente, sus sugerencias rítmicas eran tomada por el resto del grupo haciendo de la jam session una reunión creativa sonora.
El festival como todos los años tiene momentos supremos, no podemos de dejar de mencionar el trabajo hecho por los estadounidenses Dailey and Vincent en el escenario principal. Sus raíces cimentadas por la música bluegrass, gospel y country hicieron levantarse al público al ritmo de una mandolina contagiante.

Dayley & Vincent
Pero qué sucede cuando reúnes a dos banjistas de diferentes países con diferentes, obviamente, currículos musicales. Uno irlandés y el otro estadunidense se juntan para producir una alquimia estimulante propicia para un atardecer que anuncia los colores de un vespertino crepúsculo.
Hay tanto que mencionar en tan corto espacio, pero uno aplaude el regreso de Arrested Development, The Milk Carton Kids, Of Monster and Men, Nathaniel Rateliff. No pudimos gozar de Rockin’Dopsie Jr. & The Zydeco Twisters quienes no pudieron asistir al festival por problemas que los viajeros enfrentan. Algunos inconvenientes técnicos no hicieron mella en el indiscutible éxito del festival. La multitud festivalera desde ya empieza a contar los días para el festival 2027.

Nick Mulvey, Bambino & The Point

