EL PARTIDO SOCIALISTA EN SU HORA DE PENSAR

Durante los primeros años del gobierno democrático se aceptaron muchas cosas. Vetos en ciertos ministerios, subvenciones electorales para otros partidos. Y como en el chiste, de anti capitalismo ni hablar.

Se fue a más, dos cancilleres socialistas lograron rescatar a Pinochet de Londres, no con la resignación del obligado sino con los tonos del que cree defender causa noble.

Luego don Ricardo creo la Mesa de Dialogo para sacar a los militares del pantano, que veían los problemas que se les venían. No eran pocos los problemas; hoy hay casi 300 presos en Punta Peuco y otros y 83 de ellos han salido hacia su última morada desde los penales de reclusión. Hoy un general preso casi no es noticia.

Se fue aún más allá, defender el modelo neoliberal abiertamente. Los que pedían nueva constitución “fumaban opio”.

Existieron disidencias varias: Palestro, Navarro, Arrate. De alguna manera también Martner, digámoslo.

Después se entendió que los “puestos” eran eternos y que había que hacer más de lo mismo, ellos mismos.

La generación del 80 quedó en el olvido. Lo nuevo vino para imitar una práctica política donde leer un texto de economía, filosofía o política era una excentricidad.

Luego vinieron otros con el “cuanto me toca cortar”, como reemplazo del viejo y execrado “avanzar sin transar.

Del alzamiento ciudadano no se sacó lección alguna. Sólo los viejos musitábamos que para un 1917 existió un 1905.

El pueblo eligió a Boric, después que Jadue pusiera todo su talento en perder.

Después del descalabro de la partida de Boric, se fue a enseñar como son los gobiernos subordinados al empresariado. Por los “puestos”, se toleró el TPP 11, el apoyo a Zelensky, las agresiones a Venezuela, se defendió la inmigración ilegal para quitarle presión migratoria a los norteamericanos, se enriqueció con el Litio a todos los descendientes de Pinochet, de la delincuencia pura compasión con los victimarios, se consolidaron las AFP, para que seguir.

¿Y queríamos ganar?

Se llevó como candidata presidencial a una ex ministra comunista, sin programa y sin una capacidad discursiva que lo disimulara. Todo mal.

Ahora, un pinochetista en La Moneda. Que inscribe a Chile en El Escudo de las Américas y que a mayor desgracia para Chile gobierna como para un sainete.

El Partido Socialista ha recaudado en las dos últimas elecciones menos del 5 por ciento.

Se ha estigmatizado el PS que dirigió Altamirano. Pero ellos, contra viento y marea, obtenían un 23 % de votos socialistas en las elecciones.

Es la hora de pensar el futuro.

*Roberto Ávila Toledo, es abogado de Derechos Humanos

A fines de los ochenta del siglo pasado y con el fin de la dictadura ad portas el bloque histórico dominante en la dirigencia socialista creó un consenso: había que pactar con la dictadura y entrar al gobierno democrático a cualquier precio. Obviamente esto no se podía hacer con la bandera del anti capitalismo al tope.

Durante los primeros años del gobierno democrático se aceptaron muchas cosas. Vetos en ciertos ministerios, subvenciones electorales para otros partidos. Y como en el chiste, de anti capitalismo ni hablar.

Se fue a más, dos cancilleres socialistas lograron rescatar a Pinochet de Londres, no con la resignación del obligado sino con los tonos del que cree defender causa noble.

Luego don Ricardo creo la Mesa de Dialogo para sacar a los militares del pantano, que veían los problemas que se les venían. No eran pocos los problemas; hoy hay casi 300 presos en Punta Peuco y otros y 83 de ellos han salido hacia su última morada desde los penales de reclusión. Hoy un general preso casi no es noticia.

Se fue aún más allá, defender el modelo neoliberal abiertamente. Los que pedían nueva constitución “fumaban opio”.

Existieron disidencias varias: Palestro, Navarro, Arrate. De alguna manera también Martner, digámoslo.

Después se entendió que los “puestos” eran eternos y que había que hacer más de lo mismo, ellos mismos.

La generación del 80 quedó en el olvido. Lo nuevo vino para imitar una práctica política donde leer un texto de economía, filosofía o política era una excentricidad.

Luego vinieron otros con el “cuanto me toca cortar”, como reemplazo del viejo y execrado “avanzar sin transar.

Del alzamiento ciudadano no se sacó lección alguna. Sólo los viejos musitábamos que para un 1917 existió un 1905.

El pueblo eligió a Boric, después que Jadue pusiera todo su talento en perder.

Después del descalabro de la partida de Boric, se fue a enseñar como son los gobiernos subordinados al empresariado. Por los “puestos”, se toleró el TPP 11, el apoyo a Zelensky, las agresiones a Venezuela, se defendió la inmigración ilegal para quitarle presión migratoria a los norteamericanos, se enriqueció con el Litio a todos los descendientes de Pinochet, de la delincuencia pura compasión con los victimarios, se consolidaron las AFP, para que seguir.

¿Y queríamos ganar?

Se llevó como candidata presidencial a una ex ministra comunista, sin programa y sin una capacidad discursiva que lo disimulara. Todo mal.

Ahora, un pinochetista en La Moneda. Que inscribe a Chile en El Escudo de las Américas y que a mayor desgracia para Chile gobierna como para un sainete.

El Partido Socialista ha recaudado en las dos últimas elecciones menos del 5 por ciento.

Se ha estigmatizado el PS que dirigió Altamirano. Pero ellos, contra viento y marea, obtenían un 23 % de votos socialistas en las elecciones.

Es la hora de pensar el futuro.

*Roberto Ávila Toledo, es abogado de Derechos Humanos

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