Eterna vida

Marcelo Guzmán Fuentes, 34 años. Jefe del Hospital de Iquique y militante del Partido Socialista.

No recuerdo —en medio de la soledad de la pérdida— cuándo fue la primera vez ni cómo llegué a pensarlo. Solo sé que, mientras imaginaba una carta que mi padre me enviaba desde la cárcel de Pisagua, las siguientes frases se convirtieron para mí, más que en una constante, en la eterna consigna de mi vida:

«…No quiero que mis ideas se queden sin voz; no quiero que dejes de oírlas. Son mis voceras, son mis palabras…».

Aunque el papel de aquella carta, en mi solemne imaginación, había perdido su forma y se extendía hacia los cuatro costados, pienso en él y en su imagen, grabada en los límites inmortales de estas páginas. Lo recuerdo como la cicatriz que crece en una flor del desierto de Atacama.

En medio de aquel espejismo comencé a erguirme entre sus papeles, en la casa de mi abuela: entre pedazos de cartón cubiertos de versos olvidados y páginas escritas con su letra pequeña y ágil. Papi solía anotar todos los pormenores de su vida y guardarlos celosamente en algún rincón de la casa.

Desde mi limitado espacio le grité:

—¡Ayúdame! ¡No quiero que te asustes si, por algún motivo, no escribo mucho sobre ti!

He envuelto algunos granos de tu vida en un pañuelo y, llevando conmigo el vacío de tu ausencia, colmado de cariño, llego hoy hasta ti para amarte eternamente.

Cada año te siento a mi lado. Llegas trayendo el aire fresco de la primavera recién estrenada, mientras contemplo tus ojos con nostalgia. Tus ojos, padre… Apenas los recuerdo. Me crie en medio de la tristeza de tu ausencia.

Un día, el espejo me dijo que estaba creciendo. Fue él quien reflejó ante mí el sentido de la vida. Y un día cualquiera, frente a ese mismo espejo, vi con asombro a la niña convertida en mujer.

Desde aquel instante sentí que guardaba algo que también pertenecía a otros: a tus compañeros, a los trabajadores, a los estudiantes y a los niños. Con mi temprana y laboriosa madurez, fui reuniendo los recuerdos de aquello que muy pronto habría de separarnos. Vertí mis lágrimas y entregué tu memoria al pueblo que recibió tu sangre humilde: sangre joven, llena de fervor, deseos y esperanzas.

¡Al pueblo de Chile!

A ese pueblo que alimentó tus ideas y las hizo fuertes y generosas, entrego hoy tu eterna vida.

En memoria eterna Mi padre: Marcelo Guzmán Fuentes, 34 años. Jefe del Hospital de Iquique y militante del Partido Socialista. Se presentó voluntariamente en el Regimiento de Telecomunicaciones de Iquique. Fue ejecutado el 29 de septiembre de 1973.

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