La violencia silenciosa, una realidad invisibilizada

Por David Eleazar Ramírez Carmona. Trabajador Social y Licenciado en Trabajo Social

Introducción
La violencia, en sus múltiples formas, sigue siendo un fenómeno social invisibilizado en distintos contextos culturales. Al igual que en países de la Unión Europea, Sudamérica y Norteamérica, en España persisten silencios que se traducen en la presión del qué dirán familiares, amistades o colegas. Oficialmente, se habla de violencia doméstica o de género; en la literatura académica, de violencia intrafamiliar. Sin embargo, el término vigente en el ámbito legal y mediático es violencia de género (Save the Children, s.f.).
No obstante, existe un tipo de violencia de la que poco se habla y aún menos se denuncia: la ejercida contra los hombres. Este artículo busca dar visibilidad a esa otra cara de la violencia, generalmente silenciada por condicionantes culturales y estigmas sociales.
Tipos de violencia y ausencia de datos
La literatura en ciencias sociales distingue entre violencia física, psicológica o emocional, sexual y económica, todas con efectos devastadores (Gurrola, 2012). Sin embargo, los registros oficiales en España presentan limitaciones. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2023), en 2022 el número de mujeres víctimas de violencia de género ascendió a 32.644, lo que representa un aumento del 8,3 % respecto al año anterior. En contraste, no existen cifras sistemáticas sobre hombres víctimas.
Los datos disponibles muestran una gran disparidad: frente a 36.905 hombres condenados en 2021 por violencia de género o doméstica, solo 2.760 mujeres fueron declaradas culpables de violencia doméstica, es decir, un 7 % del total de agresores (Ministerio de Igualdad, 2022). Esta desproporción no significa que los hombres no sufran violencia, sino que sus casos permanecen ocultos o socialmente negados.

El hombre como víctima
En muchos casos, los hombres víctimas ni siquiera son conscientes de su situación. Persiste la creencia sociocultural de que la mujer ejerce violencia únicamente como defensa. Esta visión impide reconocer al hombre como sujeto vulnerable dentro de la pareja (Toldos Romero, 2013).
La socióloga María de la Paz Toldos Romero, en su obra Hombres víctimas y mujeres agresoras. La cara oculta de la violencia entre sexos, denuncia cómo lo políticamente correcto limita la comprensión del fenómeno. Su análisis incorpora también las nuevas formas de convivencia, como las parejas del mismo sexo, donde la violencia sentimental y sexual puede reproducirse con dinámicas similares.
Aprendizaje de la violencia y sus expresiones
Diversos estudios indican que la violencia no es innata, sino aprendida. Elvira Gurrola (2012), en Las mujeres y sus miedos, sostiene que algunas mujeres reproducen conductas agresivas como mecanismos de defensa derivados de experiencias previas de violencia. Estos pueden extenderse a otras relaciones sociales, generando tensión y estrés en el entorno.
La neurolingüística también apunta a la influencia de la infancia: descalificaciones, humillaciones o abusos emocionales por parte de padres, abuelos, educadores o referentes adultos deterioran la autoestima y fomentan patrones de violencia indirecta. El resultado es un estilo de comunicación ambiguo, evasivo y, en ocasiones, agresivo.
Una problemática invisibilizada
La violencia contra el hombre con frecuencia no se denuncia, ya que hacerlo puede implicar un cuestionamiento de la masculinidad. Los varones que se atreven a denunciar son estigmatizados como “poco hombre” o señalados con otros descréditos sociales. Por esta razón, los peritajes internacionales sugieren que las cifras reales son más altas que las registradas oficialmente (EPE, 2022).
La violencia doméstica en España (2020-2024)
La violencia doméstica en España, entendida como aquella ejercida dentro del ámbito familiar y no exclusivamente en la pareja, ha mostrado cierta estabilidad en el período 2020-2024, con un promedio de entre 8.200 y 8.800 víctimas anuales. El año 2023 registró un pico de 9.126 casos, mientras que en 2024 se produjo un descenso a 8.860 víctimas, lo que representa una variación negativa del –2,9%.
Distribución por sexo de las víctimas
En 2024, el 60,6% de las víctimas fueron mujeres (5.365 casos), mientras que el 39,4% correspondió a hombres (3.495 casos). Estos datos confirman que, aunque las mujeres constituyen la mayoría de las personas afectadas, la proporción de hombres víctimas es significativa dentro del total.
Personas denunciadas
Durante 2024 se contabilizaron 7.221 personas denunciadas, lo que supone una reducción del – 4,1% respecto al año anterior. De ellas, 5.067 fueron hombres (70,2%) y 2.154 mujeres (29,8%). Estos resultados muestran que los hombres continúan siendo mayoría en el grupo de personas denunciadas, aunque la presencia femenina alcanza casi un tercio de los casos.
Denunciados y víctimas a la vez
Un aspecto relevante es el registro de 360 personas que fueron a la vez víctimas y denunciadas en 2024, lo que representa una caída del –9,8% en comparación con 2023. En esta categoría, 213 fueron hombres (59,1%) y 147 mujeres (40,9%), lo que refleja la existencia de dinámicas recíprocas de violencia dentro del ámbito familiar.
El análisis de las cifras evidencia que la violencia doméstica en España presenta un carácter transversal. Si bien las mujeres continúan siendo el grupo mayoritario entre las víctimas, los hombres constituyen un porcentaje relevante cercano al 40%. Asimismo, la distribución de personas denunciadas y la existencia de casos en los que víctima y agresor coinciden ponen de manifiesto la complejidad del fenómeno, que se manifiesta en distintas direcciones y entre diversos miembros de la familia.
Conclusión
La violencia intrafamiliar, en todas sus formas, sigue siendo un fenómeno marcado por silencios y estigmas que dificultan su visibilización y abordaje integral. En España, el foco político y mediático se ha centrado con razón en la violencia de género hacia las mujeres, pero los datos muestran que los hombres también representan una proporción significativa de víctimas —casi un 40% en 2024—, aunque su situación permanece invisibilizada por prejuicios culturales y resistencias sociales.
Reconocer la existencia de hombres como víctimas no implica restar importancia a la violencia que sufren las mujeres, sino ampliar la mirada hacia una comprensión más realista y equitativa de la violencia intrafamiliar. Solo desde un enfoque inclusivo y libre de estigmas será posible diseñar políticas públicas eficaces y garantizar protección, acompañamiento y justicia para todas las personas afectadas, sin importar su sexo.
Referencias Bibliográficas
Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. (2015). Ley 20.820 Crea el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. https://www.bcn.cl/historiapolitica/mujeres_en_ el_congreso/historias_de_leyes
El Periódico de España (EPE). (2022, 10 de mayo). Violencia machista, violencia doméstica, violencia de género, violencia intrafamiliar.
https://www.epe.es/es/igualdad/20220510/viole ncia-machista-violencia-domestica-violencia- de-genero-violencia-intrafamiliar-13635810
Gurrola, E. (2012). Las mujeres y sus miedos. Editorial Trillas.
Save the Children. (s.f.). Quiénes somos. https://www.savethechildren.es/quienes- somos
Instituto Nacional de Estadística (INE). (2023). Estadística de violencia doméstica y violencia de género. Año 2022.
https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion. htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176866
Toldos Romero, M. de la P. (2013). Hombres víctimas y mujeres agresoras: La cara oculta de la violencia entre sexos. Editorial Gedisa.