De Ciudad Universitaria al PEN Club: El balazo que resonó en el mundo.

En la historia oficial, los nombres se graban en mármol; en la historia real, se graban con plomo y tinta. Víctor Villela era, ante sus propios ojos, un hombre de letras sin pretensiones, un trabajador de la palabra que no buscaba la gloria, sino la verdad. Sin embargo, el destino —y su propia lucidez— lo colocaron en el centro de un torbellino internacional que él mismo apenas podía creer.


​Aquel día de 1968, en los alrededores de Ciudad Universitaria, la vida de Víctor cambió para siempre. Iba en un Volkswagen, un vehículo pequeño que ese día sirvió de escudo improvisado. Una bala, destinada a silenciar una voz, fue desviada por la portezuela del coche, impactando finalmente en su pierna. No fue sólo un disparo contra un hombre; fue un atentado contra el pensamiento.


​​La noticia del ataque contra Víctor Villela y el filósofo Eli de Gortari voló más allá de las fronteras de México. Llegó hasta las oficinas del PEN Club Internacional, la institución más prestigiosa del mundo en la defensa de los escritores, que en ese entonces era dirigida por el gran dramaturgo estadounidense Arthur Miller.


​Miller, el autor de Las Brujas de Salem y entonces esposo de Marilyn Monroe, era un hombre que conocía bien el precio de la libertad de expresión. Al leer la literatura de Víctor y enterarse de la agresión, quedó impactado. No vio en Víctor a un simple “empleado” de la universidad; vio a un escritor cuya narrativa era necesaria y cuya integridad debía ser protegida por la comunidad intelectual global.


Para Víctor, la sorpresa fue mayúscula. Con esa modestia que siempre lo caracterizó, le daba risa y un poco de rubor verse mencionado en el mismo comunicado que el gigante Eli de Gortari. No podía creer que desde Londres o Nueva York, el mismísimo Arthur Miller exigiera justicia por él.


​—”¿Cómo es que se fijaron en mí?”, decía Víctor con esa mezcla de vergüenza y asombro.
​Lo que él no veía, pero Miller sí, era que la literatura de Víctor tenía esa fuerza auténtica que no necesita títulos pomposos para ser impactante.


​​Hoy, ese documento histórico —el testimonio de que la inteligencia mundial cerró filas en torno a un periodista mexicano— duerme quizás entre la montaña de papeles en la casa de Jiutepec. Pero aunque el papel esté extraviado, la verdad permanece: Víctor Villela fue un hombre por el que el mundo alzó la voz.


​Fue el escritor que, mientras era espiado por agentes en el Café La Habana, era defendido por Arthur Miller desde el PEN Club. Un hombre que, a pesar del balazo y la persecución, nunca dejó de ser ese empleado humilde que, sin proponérselo, conmovió al corazón de la literatura universal.

*Rosa Carmen Ángeles es profesora de la UNAM.

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