Un guiño de ojo al siglo XIV-XVI

De La Conversación Entre Gepeto, El Ladino y El Suscrito Cara De Mono Después Del Concierto De Wynton Marsalis En El Centro De Los Susurros De La Ciudad De Campeones

Blood on the fields

1.Cariacontecidos, atrapados en la necesidad de reencontrarse a sí mismos, caminaban con una disimulada soledad que los unía bajo el cielo mortecino de la Ciudad de Campeones en un verano ya en decadencia. Venían, a pesar de todo, vencedores. Se sabían colmados de saberes y con la firme decisión de compartirlos en el lugar propicio: el bar más cercano.

2.- Pequeño el bar, conversaciones a voces y estruendosa la banda compuesta por músicos checos ejecutando una acrobática interpretación de Charlie Parker. Al lado de la mesa del trío, la Sensualidad Vestida de Rojo emergía como un impromptu en el paisaje gris. Enfrente, un par de ancianos sonreían plácidamente atentos a la banda. No les importa el ruido y están imperturbables porque ya no escuchan, apuntó ácidamente el Ladino. A la Sensualidad Vestida de Rojo, el Suscrito Cara de Mono le lanzó una mirada calculada, densa, ávida; una provocación abierta que ella no esquivó, sino que sostuvo y devolvió con una voracidad felina que congeló el tiempo en esa esquina del bar. Gepeto ordenaba dos Stella, para él y el Ladino, y un Macallan para el Suscrito Cara de Mono.

3.- Fraterno Gepeto dijo: Los grandes artistas son modestos, ¿Notaron a Marsalis cuando la banda hizo su entrada al podio? El Suscrito Cara de Mono y el Ladino se arrellanaron en los asientos y el diálogo se desató en la descripción útil del Bien, en mayúscula para que se entienda.

4.- El Suscrito Cara de Mono que andaba con ganas de joder la pava apuntó académicamente: Una teoría de la vida fue todo el concierto, pincel impresionista su homenaje y magistral la modestia; con disimulo cruzó su pierna derecha sobre la izquierda para permitirse una mejor visión de la Sensualidad Vestida de Rojo y para esperar la riposta del Ladino que, como siempre, carraspeada cada vez que iba a hablar para solidificar su voz de tenor dramático, voz que le permitía mostrarse con la paradoja de un senador romano cantando Nessun Dorma al resto de los mortales

Blood

5.- Los músicos checos seguían maltratando “Summertime” La pretensión ingenua del requinto de parafrasear el saxofón del “Pájaro” Parker y el ambiente semi existencialista con un público condescendiente demandaban una ronda más de dos Stellas y un Macallan. Marsalis proseguía, a pesar de todo, siendo el tema fundamental de la conversación de la terna. Sobre las maneras de historiar la esclavitud negra en el continente americano y la de los EE. UU en especial, Marsalis se ha lucido mostrándola, expresó el Ladino. No es casual que su obra Blood on the Field, un oratorio de tres horas le haya valido el premio Pulitzer de música. Pero hoy, interrumpió Gepeto, fue más allá de las inhóspitas fronteras raciales y su conocimiento se desbordó al presentar segmentos de Portrait in Seven Shades de Ted Nash, la magia de la hermandad entre música y pintura.

6.- ¿Y se puede saber qué rollos te traes con tu ostracismo? Preguntó el metiche del Ladino al Suscrito Cara de Mono para sacarlo de sus dos propósitos: a) recrearse en el cruce de miradas con la Sensualidad Vestida de Rojo, las cuales funcionaban como un chorus que definía el espacio compartido y b) sus especulaciones acerca de la fantasía perseguida por Charlie Parker de sentarse a conversar con Stravinski y Picasso en una mesa dadivosa en vinos y cervezas.

7.- Marsalis es-Borges dixit- un hombre memorioso, apuntó catedráticamente el Suscrito Cara de Mono. Voy a orinar, dijo, y se levantó de la mesa con el sumo placer epifánico de pasar con su urgencia cerca, lo más posible cerca, de la Sensualidad Vestida de Rojo y susurrarle: “Circe”. Ella le sostuvo con firmeza la mirada para transformar ese momento veraniego en una promesa edificante.

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