Un pensamiento en voz alta 

A veces perdemos de vista una verdad aplastante: nuestra vida es apenas un suspiro, un parpadeo frente a la inmensidad de la eternidad. Es un tiempo brevísimo que se nos ha otorgado, y sin embargo, lo estamos desperdiciando estúpidamente. 

​Nos hemos dejado atrapar por la tiranía de las apariencias. Gastamos nuestra energía vital en sostener máscaras, en cumplir con lo que el mundo espera de nosotros, en “quedar bien” con gente que no nos habitará en el silencio. Es un intercambio injusto: entregamos nuestra esencia a cambio de una aprobación vacía. 

​La tragedia de Iván Ilich se repite cada vez que elegimos la pretensión por encima de la verdad. Vivir para el “qué dirán” o para el estatus es una forma de morir en vida. No hay nada más pobre que un mundo donde lo que parece importa más que lo que es. 

​La muerte es nuestra única certeza y está siempre cerca. Que no nos encuentre con las manos llenas de adornos inútiles y el alma desierta. Aprovechemos este instante, que es lo único que realmente tenemos, para vivir con autenticidad. 

​Basta de vivir para la galería. La eternidad es demasiado larga y nuestra vida demasiado corta como para desperdiciarla en puras mentiras. 

*Rosa Carmen Ángeles es maestra de la UNAM-México 

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