Puerto peruano versus corredor bioceánico chileno

Richard Woff*
Que el crédito no se lo lleve el presidente equivocado. Chile le hizo jaque mate al puerto peruano, según el economista estadounidense Richard Wolf.
“Lo que está pasando en la costa del Pacífico es la partida de ajedrez más brutal del siglo XXI, y nadie la está viendo. Todos tienen los ojos puestos en el megapuerto de Chancay, en Perú. Todos dicen: ‘Perú será el Singapur de Latinoamérica. Perú ganó la guerra portuaria’. Yo estoy aquí para decirles que se equivocan.
Mientras Perú cortaba cintas con Xi Jinping y celebraba su hito logístico, Chile estaba haciendo la jugada maestra en silencio. Chile acaba de consolidar una alianza estratégica que deja a Perú en una situación crítica: el Corredor Bioceánico de Capricornio. La prensa corporativa no entiende de logística, solo entiende de fotos.
Ven un puerto gigante en Perú y aplauden. Pero yo, Richard Wolff, analizo los flujos de mercancías, y la realidad es esta: un puerto sin carga es solo un estacionamiento de concreto muy caro. ¿Y de dónde viene la carga real en Sudamérica? Viene de Brasil, viene de Mato Grosso, viene de la soja, de la carne, del hierro.
Perú construyó Chancay pensando que Brasil sacaría sus productos por ahí. Pero Chile, con una frialdad geopolítica impresionante, se adelantó. Chile cerró el trato con Lula da Silva y con Paraguay. La ruta más rápida, más eficiente y políticamente más estable para sacar la riqueza de Brasil hacia Asia no pasa por las montañas inestables de Perú; pasa por el Chaco paraguayo y baja a los puertos del norte de Chile: Iquique, Antofagasta y Mejillones.
Esto cambia todo. Esto convierte la inversión millonaria de Perú en un potencial elefante blanco. Perú se endeudó política y financieramente con China para construir una puerta de entrada, pero Chile se aseguró de tener la llave de la puerta de salida.
En este análisis vamos a desmontar el mito del milagro logístico peruano. Vamos a ver cómo la inestabilidad política de Lima —donde cambian de presidente como de camisa— asustó a los brasileños. Brasil no confía en Perú para mover su PIB. Brasil confía en la estabilidad institucional de Chile, a pesar de sus problemas, y en la infraestructura carretera que ya está casi lista.
Es una lección de realismo capitalista. Perú apostó a la construcción faraónica. Chile apostó a la diplomacia de infraestructura. Y en el capitalismo no gana el que tiene el barco más grande; gana el que tiene la carga asegurada.
Prepárense, porque vamos a ver cómo la vieja rivalidad del Pacífico ha resucitado, no con cañones, sino con contenedores. Y Chile, el viejo zorro del desierto, acaba de rodear a su rival antes de que empiece la batalla.
El error de cálculo de Lima. La geografía es destino.
Para entender por qué Perú está en una situación crítica, hay que mirar la cordillera de los Andes: es la barrera física más formidable del planeta. Perú vendió la idea de que podía cruzar la Amazonía y los Andes para conectar Brasil con Chancay.
Sobre el papel se ve bien. En la realidad, es una pesadilla de ingeniería y ecología. Construir carreteras por la selva peruana y subir a 5.000 metros de altura es carísimo y lento. Además, las protestas sociales en el sur de Perú bloquean las carreteras cada dos semanas. ¿Ustedes creen que los agroexportadores brasileños van a arriesgar su soja en una carretera bloqueada por comuneros en Puno? Jamás.
Chile, en cambio, ofrece una ruta plana. El corredor bioceánico cruza el puente en Paraguay, atraviesa el norte de Argentina —que necesita los dólares de peaje— y llega a los puertos chilenos cruzando los Andes por pasos fronterizos mucho más manejables y consolidados, como Jama.
Es una ruta de baja resistencia, y el capital siempre fluye por el camino de menor resistencia. Chile entendió que no necesitaba construir un nuevo puerto de 3.000 millones de dólares como Chancay. Solo necesitaba modernizar los que ya tenía y asegurar la carretera.
Fue una inversión de eficiencia: capitalismo real, contra una inversión de ego: capitalismo de Estado chino. El resultado es devastador para las proyecciones peruanas.”
Escribe Richard Wolff economista.
