FRANCESCA ALBANESE O LA PERSISTENCIA DEL AMOR

Una meditación sobre la voz que resiste en el corazón de las cenizas de Gaza.

Francesca Albanese: Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967.

I.-La voz que emerge del polvo
En la geografía del silencio, donde el mundo aparta la mirada y los ojos se vuelven de piedra, existe una mujer cuya voz persiste como un río subterráneo que se niega a ser enterrado. Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados, ha emergido como una conciencia incordia en un siglo que prefiere el silencio y el olvido. Su palabra no es solo un documento jurídico; es una oración laica, un grito susurrado que atraviesa las fronteras de la indiferencia para nombrar lo que muchos se resisten a nombrar: el genocidio como instrumento colonial, la aniquilación como proyecto económico, la muerte como negocico rentable.


Su mirada sobre Gaza no es la del tecnócrata frío ni la del politico que calcula cada sílaba según el viento de la conveniencia. Es la mirada de quien ha comprendido que tras cada estadística hay un niño que ya no sonreirá, tras cada informe hay una madre que abraza fantasmas, tras cada número hay un nombre que la historia tergiversada intenta borrar. Francesca entiende, con una lucidez que duele, que el amor en tiempos de exterminio es un acto de rebeldía, una persistencia que se resiste a la maquinaria del olvido.


II.- La política del cuerpo martirizado
La vision política de Albanese trasciende la retórica de los bandos y los análisis superficiales de los noticieros. Ella ha nombrado con precisión quirúrgica lo que Occidente se resiste a admitir: el proyecto sionista no es simplemente un conflicto territorial, sino una empresa asesina de reemplazo demográfico, un plan meticuloso para borrar la presencia palestina de su propia tierra. En sus informes, la palabra genocidio no es un exceso retórico; es una conclusión jurídica respaldada por evidencias que la comunidad internacional prefiere archivar en el cajón de la incomodidades.


La política de Gaza, en su lectura, es la política del cuerpo convertido en mensaje. Cada cadáver es un texto que el poder facista intenta censurar, cada hospital bombardeado es un capítulo arrancado de la memoria colectiva, cada escuela destruida es un futuro interrumpido. Francesca ha comprendido que la guerra moderna no es solo matanza de cuerpos; es la fabricación sistemática de narrativas, la producción industrial de mentiras que justifican lo injustificable. La labor de Albanese ha consistido en desanudar esa madeja de distorsiones y presenter al mundo el rostro desnudo de la barbarie.


Cuando denuncia que el aparato sionista del estado de Israel ha convertido la ocupación en una economía de la muerte, Francisca está tocando el nervio más sensible del Sistema: el dinero. Las armas que siembran el terror en Gaza regresan a los centro del poder en forma de dividendos, acciones y contratos multimillonarios. La guerra no es solo política; es el negocio más rentable del siglo XXI, y Gaza es su campo de experimentación más visible.


III.- La Economía del dolor rentable
En su informe “De la Economía de Ocupación a la Economía del Genosidio”, Albanese desvela una verdad que incomoda: el sufrimiento palestino tiene precio, y ese precio se cotiza en las bolsas internacionales. Las empresas que fabrican las bombas que no dejan vestigios humanos reconocibles, los drones como manadas de hienas en los cielos, los sistemas de vigilancia que monitorizan cada movimiento; todo forma parte de un ecosistema económico donde la muerte es el activo, el miedo es la mercancía, y la esperanza es el enemigo principal.


La visión económica de Francesca es descarnada: Gaza no es solo un territorio sitiado, es un laboratorio donde se prueban las armas del futuro, un mercado cautivo donde el hambre se negocia, un campo de pruebas donde se perfecionan las tecnología del control. Cada bloqueo es un experimento en ingienería social, cada “alerta roja” es una demostración de poder, cada tregua rota es una lección de dominio. La economía de la ocupación ha evolucionado hacia algo más siniestro: la transformación del exterminio en modelo de negocio.


Sin embargo, Albanese no se limita a denunciar; ella persiste en nombrar las alternativas, en señalar las rutas del boicot económico, en identificar los flujos financieros que alimentan a la maquinaria de la muerte. Su trabajo es un mapa que conecta los puntos entre el accionista en Nueva York, el fabricante en Tel Aviv y el niño mutilado en Khan Younis. Es una catografía del dolor que debería de avergonzar al mundo, pero que muchos prefieren ignorar.


IV.- La cultura que se resiste a ser borrada
La perspectiva cultural e histórica de Francesca Albanese hunde sus raíces en una comprensión profunda de Palestina no como un problema humanitario, sino como una herida abierta en la memoria de la humanidad, Ella sabe que Gaza no es un accidente histórico, sino el resultado de décadas de expulsión, despojo y negación. El Nakba de 1948 no terminó; simplemente cambió de forma, se sofisticó, se volvió mas eficiente en su crueldad.


La cultura palestina es un acto de resistencia ontológica. Cada poema que se recita entre los escombros, cada canción que se canta junto a las tumbas, cada nana que la madre le susurra a su famélico hijo, cada árbol de olivo que renace en la tierra sedienta; todo es una declaración de existencia, un desafío contra el proyecto asesino. Francesca entiende que el genocidio no es sólo la matanza de cuerpos; es el intento de eliminar la cultura, la memoria, la posibilidad misma del futuro.


Su trabajo es, en esencia, un ejercicio de memoria contra la amnesia programada. Mientras los medios occidentales repiten la narrativa del “conflicto complejo”, ella recuerda las raíces coloniales del proyecto sionista, los acuerdos secretos, las traiciones de las potencias, los silencios cómplices. Su palabra es un archivo viviente que se resiste a la revisión histórica, un testigo que no permite que la historia sea reescrita por los invasores.


V.- La persistencia del amor
El título de este artículo no es una metáfora vacía. En el trabajo de Francesca Albanese encontramos esa forma de amor que es la justicia, esa insistencia en que cada día vale, que cada muerte debe de ser nombrada, que cada víctima merece ser recordada. Es el amor como acto político, como resistencia, como negativa a aceptar que el mundo pueda ser otra manera.


En Gaza, el amor persiste entre ruinas. Persiste en los médicos que operan sin anestesia, en los maestros que enseñan en tiendas de campaña; persiste en mujeres como Francesca Albanese, que desde la instituciones internacionales que tantas veces han fallado, levanta su voz para recordarnos que la humanidad no puede permitirse el lujo del olvido.


La historia juzgará a nuestra época con severidad. Juzgará a los que miraron hacia otro lado, a los que justificaron lo injustificable. Pero también recordará a los que persistieron, a los que amaron lo suficiente como para no callar, a los que , como Francesca Albanese, entendieron que la justicia no es un concepto abstracto, sino una práctica cotidiana de amor por los vivos y por los muertos.

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