ARACELI

Mis papás me dejaron con mi abuela porque se separaron.  Mi papá era bien borracho, mujeriego y celoso.  Y mi mamá, en ese entonces, vendía elotes, y un día que mi papá estaba tomado y mi mamá se encontraba platicando con un señor y mi papá la vio platicando y le pegó y la sentó en un brasero y cuando la sentó en el brasero estaba mi mamá embarazada de mí y mi de mí y todavía se aguantó con él un año, pero después no aguantó y ella nos llevó con ella.  Entonces, mi papá que era muy machista fue con unos policías hasta donde se encontraba mi mamá y nos arrebató de donde se encontraba mi mamá y nos llevó hasta donde mi abuela.  Mi mamá iba a vernos cada año y mi abuela le gritaba que era una perra, que era una puta… cosas muy feas le decía.  Y mi mamá cuando nos veía nos decía: “Vénganse conmigo, vámonos a México”.  Pero yo no quería a mi mamá porque mis abuelos decían que mi mamá era de lo peor y yo no la quería.   Nos hablaban muy feo de ella.  Y yo fui la más tonta porque yo me quedé con ella hasta el final.  Hasta que me casé con Camerino.  Mi abuela llorando me decía que yo la iba matar y hasta se puso mala.    Me decía que si yo me casaba a los quince días se iba a morir, y así fue exactamente, a los quince días se murió.  Aunque ya padecía asma.

A mí los gatos no me gustan porque por culpa de los gatos me pegaron mucho.  En casa de mi abuela había muchos gatos de esos corrientitos, ella tenía como cuatro o cinco gatos, y por culpa de ellos me pegaron mucho.   Y uno de ellos era muy gusgo y se comía la comida.  Entonces llegaba mi abuelita y ella decía que me comía la comida.   Me gritaba muerta de hambre y alegaba que yo me comía la comida y yo le decía “Pero mamá, yo no me comí la comida fueron los gatos”  Y mi abuela me decía.  “La gata fuiste tú, eres una muerta de hambre tú te tragaste la comida.”  Y un día que encuentro a un gato encima de la hornilla, se le llama hornilla donde ponía yo el metate, y molíamos y un día que veo yo al gato comiéndose la comida y que agarro el gato le amarré las patas y le puse un pie encima de una de sus patas delanteras y el otro pie en la otra pata y con un machete lo maté.  Por allá fue a dar la cabeza y el cuerpo se quedó temblando, pero todo fue del coraje que yo tenía porque por culpa del gato mi abuela me pegaba muy feo.  Maté a un gato, pero al otro gato aunque le pegué mucho mucho y lo fui a tirar, al otro día ya estaba el gato ahí.   Maldito gato, al día siguiente le volví a pegar y cuando creí que lo había matado lo fui a tirar; pero al rato el gato ya estaba otra vez ahí maullando.  Maldito gato no se murió.  Y mi abuela me seguía a mí pegando porque decía que la comida que se comían los gatos me la tragaba yo.  Mi abuela ni siquiera me daba bien de comer, me aventaba la comida.  Me decía “Óra muerta de hambre, traga”  y me aventaba la comida.  Era mala mala mala.  Malísima.    Fíjate, maté al gato y al día siguiente fui a asomarme al lugar donde maté al gato y vi como la cabecilla todavía se estaba moviendo.  Yo siento que mi abuela me estaba haciendo igual de mala a ella.  

Mi abuela se enteró de que andaba yo con Camerino cuando me fueron a pedir.  Un día me dijo Camerino “Chata van a venir mis padres a pedirte.” Y yo le dije “Estás loco ¿cómo me van a venir a pedir? “  Y él me dijo “Sí, vienen mi mamá y mi papá, fuera de relajo.  Acaban de llegar del pueblo y están en casa de mi hermana Rosa.  Así es que  te arreglas y te pones guapa”.  Y aunque no estaba muy segura si lo que me decían era cierto me bañé y me arreglé. No fuera a ser que de veras llegaran.  Entonces, un día dijo Gabino, un primo de Camerino:  “Ahí viene mi tía Basilia, ya te vienen a pedir”.   Entonces, se me acercó Doña Basilia y me dice:  “¿Ella es la futura nuera?”  Le dije yo: “Sí”. Y que dice “Pues te venimos a pedir”  Y le dijo a mi papá “Venimos a pedir a la señorita Araceli porque la muchacha pide que la vengamos a pedir.  Y venimos a ver cuánto tiempo nos dan de plazo para que se case la señorita Araceli con mi hijo Camerino”.    Traía yo a mi medio hermano en los brazos. Y mi papá va hasta donde se encontraban mis abuelos y les dijo: “Mamá, papá ¿pueden salir, porque vinieron unos señores a pedir la mano de mi hija Araceli.” Porque mis abuelos estaban encerraditos en su cuartito. Y agarra y mi abuela que se enoja: “¿Quién viene a pedir a mi muchacha?  Yo a mi muchacha la crie con maíz, la crie con tortillas”  , y que me agarra del pelo y que me azota contra la pared  Y mi papá le dijo:  “Oye, mamá ¿qué te pasa, mamá, te tienes que comportar porque la muchacha está cumpliendo con los deseos que le manifestaron.  Ella tiene que hacer su vida … “    Y mi papá, al ver que mi abuelita estaba como loca,  la agarró y la metió a su cuarto “De ver que no se puede arreglar con ustedes, dijo mi padre,  déjenme yo atiendo a los señores.   Y ya él lo arregló todo:  Nos dieron de plazo un año para podernos casar.  Y, pues, no, no aguantamos el año.  A los quince días ya me había ido yo a comer la torta.   Entonces, ya como al mes ya no me bajó la regla, estaba yo embarazada.  Y para el tiempo en que nos quedamos de casar, pues… ya no me casé… tenía yo cuatro meses ya de embarazada y ya ni me quedaba la ropa.    Hasta fue Camerino a comprarme dos vestidos.     Y me dijo “¿Qué vamos a hacer Chata?”  Me decía Chata el hipócrita.   Y yo le dije “Nada.  Yo voy a tener a mi bebé.”   Y ya no nos casamos, hasta que después que nació la niña.   Y mi abuela ni cuenta se daba, a pesar de que me la pasaba yo vomitando y de que me apretaban ya los calzones porque con el embarazo me sentía muy mal.  Y mi abuela me decía:  “¿Qué te hizo daño, hija?”  “¡Ay quién sabe, le dije, no me acuerdo que me haya yo comido algo por la boca.”   Y que me voy con Camerino.  Y como a los quince días que se empiezan a poner malos mis abuelitos y me regresé al Olivar del Conde que es dónde nos fuimos a vivir Camerino y yo muy cerca de mis papás.  Mi abuelita estaba muy malita, ella padecía asma. 

Mi abuela me pegaba, me ponía a moler y cuando lavaba el metate tenía que quedar negrito, nada de blanco, y cuando empezaba yo a echar mis tortillas cuando se me doblaban, se partían o  me salían mal me las echaba en la cara. O si rompía yo un traste, con las astillas del cristal me los enterraba en la piel:  me picaba así, así, así…   Si algo hacía mal me decía “Alaceli”, porque no sabía decir Araceli, y me jalaba del cabello y me azotaba:  “Así te va a hacer tu suegra”.  Ya parece que Doña Basilia me fuera a hacer eso, era bien buena mi suegra. Para mí, mi suegra, fue mi verdadera madre mi suegra. Al contrario, ella me enseñaba:  “Mira, hija”, me decía “hazle así, aprende a cocinar así”  Ella me trataba muy bien.  O luego cuando no llegaba temprano su hijo me decía: ”No te preocupes, ahorita viene”.   Mi abuela cuando fui chiquita, me quiso mucho. Pero en cuanto crecí y llegó a saber que tenía novio me trató mal, porque ese era el martirio de ella. 

Mi mamá  vio siempre por mí hasta que se murió del pulmón porque trabajaba mucho: tejía, trabajaba en la fábrica de chocolate, en pintar.  Yo trabajaba pintando junto con ella.  Dejé de verla hasta que se murió, todavía cuando estuve embarazada de mis hijos ella vio por mí.   

Estudié hasta sexto año.  Ese día que yo salí de sexto me compró mi vestido y mis tacones, porque estaba yo chamaca.  Pero en cuanto supo que tenía yo novio me agarró a golpes.  Con el palo me daba o me agarraba del pelo y me daba mis patadas.   Yo no soy de fiestas, no tuve fiestas de quince años, ni más grande fiestas.  Yo no tuve fiestas ni me gustaban.  Yo lo que quería es que me trataran bien. 

*Profesora de la UNAM, México